Tus hijos no son tus hijos como Kahlil Gibran recita. No son tu extensión, ni el espejo donde proyectar tu odio, frustración o rabia. No son objetos, ni bienes, y aunque ellos te hacen padre o madre, sabes que para merecer el título has de amar y reflexionar. Tus hijos no son tus padres, no te deben cuidado por sólo haberlos traído al mundo. Ellos te quieren, te admiran y te adoran porque así venimos todos, sin discernimiento pero con corazón. Tus hijos son de la Vida, no se la robes, no quieras poseer la Luz con que nacieron, no es tuya y viene de mucho antes que existieras. Matilda Sedna
“Te conozco mejor que a la palma de mi mano”, solía decir Irina a Anna, la protagonista de El pasado que nos separa . Se trata de una afirmación muy útil en este contexto ya que permite reforzar el gaslighting que la víctima sufre. El gaslighting es una forma de abuso emocional, que va más allá de la mentira o la discrepancia, socava la autonomía, la seguridad y orientación interna. Para entenderlo de una forma sencilla y clara se puede definir como: Es decir, consta de dos fases que a veces es difícil discernir. La primera se trata de negar la realidad y la segunda se trata de confundir y hacer dudar a la víctima de sus percepciones, memoria, experiencias e incluso de su cordura. De esta forma consigue lentamente desmantelar la identidad de la víctima. ¿Cómo identificar el gaslighting? Cuando las víctimas son los hijos, el gaslighting puede empezar muy temprano. Además de la invalidación constante de sus experiencias, los menores pueden escuchar frecuentemente que son exag...