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Herida materna y romper los ciclos del abuso

 ¿Por qué feminista con perdón?

Anna la protagonista del libro El pasado que nos separa parece que rompe el ciclo de los abusos y del trauma que se arrastran generación tras generación en su familia. El coste para ella es elevado pues en una sociedad como la nuestra en la que la familia parece que lo es todo, ella debe llegar al contacto cero para recuperar su identidad y su vida. La pregunta clave es porque no lo pudieron hacer las mujeres de su linaje antes. ¿Lo podría haber hecho ella hace 50 años?

¿Por qué tantas mujeres a lo largo de la historia no han roto los ciclos que se han repetido una y otra vez? Creo que tiene que ver con la herida materna que Bethany Webster explica como la herencia patriarcal de dolor, vergüenza, sometimiento y silencio, que las mujeres recibimos de generación en generación.

La herida materna puede explicar porque ayer subida en el coche con mis hijas dije “qué bien el libro El pasado que nos separa está ya registrado en la biblioteca de Ca La Dona, porque con perdón, pero soy feminista”. Y mi hija me dijo: "mamá ¿por qué con perdón?" Me quedé en silencio y dije, "sí hija ¿por qué con perdón?" Y es que yo como la protagonista del libro también provengo de una familia patriarcal, educada para ser sumisa y que siento que transgredo algún límite cuando digo que soy feminista, un límite invisible que me dice aún: sé buena niña y mantente en tu lugar, en el lugar de una buena esposa y una buena madre.

Tomar conciencia de la mujer que una es en su linaje, el lugar que ocupa en una larga estirpe de mujeres no es una transgresión, es el reto de nuestra generación para la transformación necesaria para los que vendrán. A veces la única forma de venerar a nuestros antepasados es siendo el cambio, rompiendo las cadenas y el silencio, sanando la herida materna.

Reconectarnos con nosotras mismas, descubrir lo que no elegimos pero heredamos de nuestras madres y por amor, por nuestro vínculo de apego, no somos capaces de cuestionar, es importante. Es clave contestar a nuestras hijas de forma reflexiva y no el ¡porque lo digo yo! de antaño. Somos su modelo, ellas vuelan hasta donde nosotras volamos, podemos transmitirles nuestra resignación o abrirles puertas a lo no conquistado, al terreno nunca explorado por nosotras. 

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